Cuando se inicia un tratamiento con cortisona, el primer reflejo alimentario que se nos pide considerar es el sodio. Reducir el sodio es fundamental. Pero limitar los corticoides a una simple cuestión de sal y azúcar es pasar por alto mecanismos menos visibles que también afectan la salud: pérdida de masa muscular, pérdida ósea, desequilibrios en potasio. La alimentación durante la corticoterapia merece un enfoque más amplio que la lista de prohibiciones que se encuentra en todas partes.
Proteínas y masa muscular bajo corticoides: el punto ciego
La mayoría de las guías alimentarias bajo cortisona hablan de aumento de peso, retención de agua, hinchazón facial. Se habla menos de la pérdida de masa muscular, que comienza desde las primeras semanas de tratamiento prolongado.
Los corticoides aceleran la degradación de las proteínas musculares. Si no se compensan con una ingesta proteica suficiente, se pierde masa magra mientras se acumula grasa, especialmente en la zona abdominal. Preservar la masa muscular es tan prioritario como limitar la sal.
En la práctica, se busca incluir fuentes de proteínas en cada comida principal: huevos, aves, pescado, legumbres. Los productos lácteos aportan tanto proteínas como calcio, lo que cumple con dos requisitos. Para quienes consultan los consejos del sitio Conseils Cuisine, la idea de estructurar cada comida alrededor de una fuente proteica aparece con frecuencia, y es un reflejo que debe anclarse desde el inicio del tratamiento.
Asociar esta ingesta alimentaria con una actividad física de resistencia (caminatas en pendiente, ejercicios con el peso corporal, bandas elásticas) refuerza el efecto. No se trata de musculación intensa, sino de mantener una estimulación regular de los músculos.

Reducir el sodio sin caer en una dieta estricta
La sal es el primer recurso alimentario mencionado en toda corticoterapia, y con razón. Los corticoides favorecen la retención de sodio, lo que aumenta la presión arterial y provoca edemas. Reducir la ingesta de sal atenúa estos efectos.
La trampa es creer que basta con no salar los platos. La mayoría del sodio proviene de los alimentos procesados, no del salero en la mesa.
- Los embutidos, los quesos curados, los platos preparados industriales y los caldos en cubo concentran cantidades de sodio muy superiores a lo que se añade uno mismo al cocinar.
- El pan clásico es un gran contribuyente diario: optar por pan sin sal o con bajo contenido de sodio hace una verdadera diferencia a lo largo de la semana.
- Los aperitivos, las patatas fritas y los pescados ahumados deben evitarse tanto como sea posible durante toda la duración del tratamiento.
Para compensar la pérdida de sabor, se recurre a especias, hierbas frescas, limón y ajo. También se pueden usar sales de potasio (vendidas como “sales falsas”), pero solo después de consultar al médico: bajo corticoides, el potasio urinario ya está alterado, y un exceso de suplementación puede ser problemático.
Calcio y vitamina D: adaptar en lugar de automatizar
Los corticoides aumentan las pérdidas urinarias de calcio, lo que expone a un riesgo de osteoporosis en tratamientos prolongados. Consumir alimentos ricos en calcio es una medida lógica: productos lácteos, aguas minerales ricas en calcio, verduras verdes como el brócoli o la col rizada.
En cuanto a la vitamina D, la tendencia actual se aleja de la suplementación automática a altas dosis. Se prioriza una evaluación del estado real de vitamina D (análisis de sangre) antes de decidir una dosis. Un médico puede prescribir un análisis de sangre para ajustar la suplementación en lugar de aplicar un protocolo estándar idéntico para todos.
Las opiniones varían sobre este punto según los profesionales, pero el principio sigue siendo el mismo: no se sobredosifica por precaución, primero se mide. La exposición solar razonable y los pescados grasos (sardinas, caballa, arenque) complementan la ingesta alimentaria.

Azúcares rápidos y glucemia bajo cortisona: lo que hay que vigilar
Los corticoides aumentan la glucemia. En algunas personas, un tratamiento prolongado puede desencadenar diabetes inducida por corticoides. Incluso sin antecedentes diabéticos, los picos de glucemia repetidos favorecen el almacenamiento de grasas y los antojos.
Limitar los azúcares rápidos reduce tanto los picos glucémicos como las compulsiones alimentarias. Los refrescos, golosinas, pasteles y jugos de frutas industriales son los primeros en eliminar. Se reemplazan por frutas enteras (la fibra ralentiza la absorción del azúcar), cereales integrales y legumbres.
Concretamente, una comida que combine proteínas, fibras y un poco de grasa (aceite de oliva, frutos secos) estabiliza mejor la glucemia que una comida centrada en féculas blancas. El arroz integral reemplaza al arroz blanco, y la pasta semi-integral reemplaza a la pasta clásica. No se trata de una dieta restrictiva, sino de un reequilibrio de las fuentes de carbohidratos.
Potasio y verduras: compensar las pérdidas sin excesos
Los corticoides provocan una pérdida urinaria de potasio. Un déficit de potasio puede causar fatiga, calambres y trastornos del ritmo cardíaco. Los alimentos ricos en potasio compensan esta pérdida de forma natural.
- Los plátanos, aguacates, espinacas, lentejas y patatas con piel se encuentran entre las mejores fuentes alimentarias de potasio.
- Las frutas secas (albaricoques secos, higos) ofrecen una alta concentración y se pueden incluir fácilmente en un refrigerio.
- Las verduras verdes cocidas (acelgas, espinacas) combinan potasio y magnesio, dos minerales afectados por la corticoterapia.
Cinco porciones de frutas y verduras al día cubren una buena parte de las necesidades de potasio y fibra, al tiempo que limitan la densidad calórica general de las comidas. Es un objetivo realista incluso cuando el apetito aumenta durante el tratamiento.
El seguimiento alimentario bajo cortisona no se limita a una lista de productos para marcar o prohibir. Lo que importa es la regularidad de los ajustes y la coordinación con el médico prescriptor, especialmente cuando el tratamiento supera unas pocas semanas. Adaptar la alimentación no anula los efectos de los corticoides, pero reduce su impacto en el peso, los huesos y el metabolismo de manera medible.



